Páginas

miércoles, 6 de diciembre de 2017

domingo, 3 de diciembre de 2017

Gastar la vida

Mñns lanzarse aún al fracaso, si hace falta, sin falsas prudencias; es quemar las naves en bien del prójimo.
Somos antorchas que solo tenemos sentido cuando nos quemamos; solamente entonces seremos luz.
Líbranos de la prudencia cobarde, la que nos hace evitar el sacrificio, y buscar la seguridad.
Gastar la vida no se hace con gestos ampulosos, y falsa teatralidad. La vida se da sencillamente, sin publicidad, como el agua de la vertiente, como la madre da el pecho al niño, como el sudor humilde del sembrador.
Entrénanos, Señor, a lanzarnos a lo imposible, porque detrás de lo imposible está tu gracia y tu presencia; no podemos caer en el vacío.
El futuro es un enigma, nuestro camino se interna en la niebla; pero queremos seguir dándonos, porque Tú estás esperando en la noche, con mil ojos llenos de lágrimas.

Luis Espinal, sj.

sábado, 25 de noviembre de 2017

Viajar en tren

Me gusta viajar en tren.  Me gusta mirar por la ventana y ver esos sitios que normalmente no vemos.  Un tendal, un carro, un jardín... Me gusta el vaivén, el traqueteo, el chacachá.  Es algo magnético, algo que mece mis ideas y mis pensamientos. Creo que me gusta tanto el tren, porque tiene un aire romántico, un aire de pasado.  Es envolvente, es atractivo, atrapa. Mi imaginación vuela, y cuando quiero darme cuenta estoy en un tren de principios del siglo pasado, en el restaurante, escribiendo una novela costumbrista, mientras tomo el té y al tiempo, está ocurriendo un asesinato tres vagones hacia atrás.  Demasiada Agatha Cristie cuando era pequeña. 
Me gusta el tren y me gustan casi más, las estaciones.  Suelen ser ruidosas, pero a la vez silenciosas. Se oyen los motores, los metales, los pitidos... Pero los pasajeros suelen mantener un relativo silencio, como si el viajar en tren fuera algo sagrado, algo a lo que debemos respeto.  O quizás estemos todos sospechando unos de otros, esperando a que un sagaz detective un tanto petulante, aparezca y resuelva el misterio... Esta vez, demasiado Poirot en mi niñez.
No sé, quizás el tren me guste tanto por todo lo que evoca, por el anonimato, porque al final todos vamos hacia algún sitio.  Somos viajeros y vamos a Lisboa en tren de lujo a velocidad exprés.  Demasiado Mocedades...

sábado, 11 de noviembre de 2017

Adora y confía

No te inquietes por las dificultades de la vida,
por sus altibajos, por sus decepciones,
por su porvenir más o menos sombrío.
Quiere lo que Dios quiere.
Ofrécele en medio de inquietudes y dificultades
el sacrificio de tu alma sencilla que,
pese a todo,
acepta los designios de su providencia.
Poco importa que te consideres un frustrado
si Dios te considera plenamente realizado,
a su gusto.
Piérdete confiado ciegamente en ese Dios
que te quiere para sí.
Y que llegará hasta ti, aunque jamás lo veas.
Piensa que estás en sus manos,
tanto más fuertemente cogido,
cuanto más decaído y triste te encuentres.
Vive feliz. Te lo suplico. Vive en paz.
Que nada te altere.
Que nada sea capaz de quitarte tu paz.
Ni la fatiga psíquica. Ni tus fallos morales.
Haz que brote,
y conserva siempre sobre tu rostro,
una dulce sonrisa,
reflejo de la que el Señor
continuamente te dirige.
Y en el fondo de tu alma coloca,
antes que nada,
como fuente de energía y criterio de verdad,
todo aquello que te llene de la paz de Dios.
Recuerda:
cuanto te deprima e inquiete es falso.
Te lo aseguro en el nombre
de las leyes de la vida
y de las promesas de Dios.
Por eso,
cuando te sientas apesadumbrado, triste,
 adora y confía.

Teilhard de Chardin sj

jueves, 2 de noviembre de 2017

En verano

Miro al cielo.
Hay estrellas. Hay tantas que abruman. Pero nunca son demasiadas.
Lejos se ve la vía láctea, como una sombra clara que cruza el cielo.
Me puedo quedar horas aquí, asomada. Escuchando, de fondo, las olas llegando a la orilla en la playa.
Sin moverme. Escuchando lo que quizás me quiere contar el mar, puede que una explicación de porqué todo ocurre.  Mirando miles de estrellas, hay tantas que no sé dónde fijar mi atención. Voy recorriendo el cielo despacio, buscando algo, una señal, una historia que me alumbre, que me dé ganas de más.
Me pierdo. Me dejo llevar. Entre el escuchar y el mirar. Es perfecto. Quiero que se detenga el tiempo. Que seguir teniendo esta calma, este amor que siento por lo maravilloso, por lo grandioso.  Quiero quedarme aquí. 
Pasa una estrella fugaz y vuelvo a existir en un presente abrumador. Esta estrella me recuerda que nada es estático, que no puedo permanecer, debo avanzar y crecer, aunque duela. 
De todas formas, esta noche me voy a quedar aquí asomada, escuchando y mirando, un rato más. Disfrutando del no espacio y del no tiempo, quieta y en silencio.
Después volveré a soñar.
Después volveré a luchar.

domingo, 6 de agosto de 2017

Perder el rumbo

Mi vida consiste en perder el rumbo tropecientas veces a lo largo de un año: caer, intentar levantarme, perderme, encontrarme, asustarme, volver y salir corriendo. Así en un bucle existencial. 

Pero a veces, sólo me hacen falta un par de compases, para hacerme bailar y, con ritmo, enderezar de nuevo el camino. 
Entonces, pienso que vivir es ir y venir, con miedos, ilusiones, cansancios y sueños, que de esos hay muchos. 

En ese primer compás, sonrío y todo pasa a un segundo plano. Sólo hay tranquilidad y un camino por hacer. 

jueves, 20 de julio de 2017

Lo que quiero ser

Quiero ser pastor
que vele por los suyos;
árbol frondoso
que dé sombra
al cansado;
fuente donde
beba el sediento.
Quiero ser canción
que inunde los silencios;
libro que descubra
horizontes remotos;
poema que deshiele
un corazón frío;
papel donde se pueda
escribir una historia.

Quiero ser risa en los
espacios tristes,
y semilla que prende
en el terreno yermo.
Ser carta de amor para el solitario,
y grito fuerte para el sordo…

Pastor, árbol o fuente,
canción, libro o poema…
Papel, risa, grito, carta, semilla…
Lo que tú quieras, lo que tú pidas,
lo que tú sueñes, Señor…
eso quiero ser.

(José María Rodríguez Olaizola, sj)