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viernes, 1 de mayo de 2015

Recuerdo a mi abuela diciéndome: "La opción es sufrir uno mismo, no hacer sufrir a otro. Nunca debemos provocar sufrimiento."
Este mantra, que cada cierto tiempo retumbaba en las paredes de la casa, se me quedó pegado al alma. Tanto, tanto, tanto... que me lo llegué a creer.
Y resulta que nadie sigue este mantra, sino más bien el de "primero mi felicidad, después tu sufrimiento".

Creo firmemente en el dolor como parte necesaria para la vida plena, como camino de transformación, de aprendizaje, de fortalecimiento... Aún así, el dolor duele.  Y no le tengo miedo, pero sí tengo miedo a que me arrastre al rencor, a la envidia, al no entender, al no poder seguir caminando sin juzgar la lealtad.
Y aunque muchos no me entiendan, porque dicen que soy auto destructiva, que para qué sufrir, que sea más egoísta, que piense más en mí... Yo sólo tengo miedo a no ser yo, con mi mantra pegado al alma.

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